viernes, 8 de marzo de 2013

Escribiendo cine: MEDIANOCHE EN EL JARDÍN DEL BIEN Y DEL MAL (1997), de Clint Eastwood


Basada en el libro del mismo título de John Berendt y editada por Mondadori. 


 Un hombre pasea una correa sin perro simplemente porque alguien dejó dicho en una herencia que cobraría algún dinero mientras paseara al podenco. El problema es que el perro murió pero el hombre sigue paseándolo porque, al fin y al cabo, le pagan por ello. 
Otro hombre lleva dos moscas atadas a la cabeza porque piensa que los insectos son los primeros en detectar si el agua corriente está envenenada. Mientras tanto, en una vieja mansión llena de obras de arte y de descargas de buen gusto, se comete un asesinato. Un periodista de Nueva York decide investigar lo que pasó realmente y se ofrece como testigo a favor del presunto culpable. Así es Savannah, Georgia. Un hervidero de excentricidades que pasean libremente por el parque mientras la reputación de alguien realmente turbio está siendo pisoteada por las maledicencias de un crimen pasional de corte homosexual. No importa que un hombre pasee a una correa sin perro o que otro lleve dos moscas atadas a la cabeza. Importa que nadie piense que alguien es de una opción sexual diferente. De ahí la divertida provocación escandalosa que ejerce un transexual que se hace llamar Lady Chablis intentando sacar el lado femenino de todos los hombres. La locura es normal pero no la homosexualidad exhibida. Dos caras de una moneda tan falsa que, cuando cae, comienza a marcar el compás de cualquiera de las melodías que compuso ese maravilloso músico que era Johnny Mercer, autor de canciones tan extraordinarias como “That old black magic”, “Ac-cent-chuate the positive”, “Skylark”, “Blues in the night” y tantas otras. 

El caso es que, en la medianoche de un cementerio, las viejas brujerías criollas son conjuradas para que el autor del crimen sea castigado y lo que es incapaz de ser ejecutado por los hombres, sea hecho por los espíritus y, de alguna manera, algo se apodera del ambiente porque el asesino mirará a los ojos de su víctima una vez más mientras ésta esboza una sonrisa que se antoja una imposible mezcla de venganza y de justicia. Las contradicciones del alma convertidas en estilo de vida son el santo y seña de esta película deliciosamente dirigida por Clint Eastwood, que se empeñó en hacerla por contener un retrato lleno de acidez del profundo Sur de Estados Unidos en base a una sociedad de hipocresía salvaje, de raídas costumbres de convivencia y de viejas creencias sobre muertos y vivos y que, sumida en la penumbra de la medianoche, tiene dificultades para discernir con claridad la raíz del bien y el cinismo del mal. Y es que, en muchas ocasiones, el encanto personificado esconde la pura turbiedad del alma corrompida, y el silencio de la estatua que simboliza el equilibrio de lo que es bueno y es malo será el único cómplice de la verdad. Matar está permitido. Ser de una opción sexual diferente está prohibido. Ser incorrecto es intolerable.

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